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Novedades para los más pequeños: consejos e ideas para favorecer su desarrollo día a día

Un niño de dieciocho meses que vacía metódicamente un cajón de la cocina mientras el adulto prepara la comida no está haciendo una travesura:…

Mère lisant un livre illustré à son tout-petit sur un tapis de jeu dans un salon scandinave épuré

Un niño de dieciocho meses que vacía metódicamente un cajón de la cocina mientras el adulto prepara la comida no está haciendo una travesura: está explorando volúmenes, texturas y pesos. Acompañar el desarrollo de los más pequeños en el día a día empieza por reconocer estas pequeñas situaciones como momentos de aprendizaje.

Entre las pautas sobre las pantallas incorporadas al carnet de salud desde enero de 2025 y las actividades de estimulación adaptadas a cada edad, hoy los padres disponen de herramientas concretas para apoyar el desarrollo de sus hijos de 0 a 3 años.

Pantallas y niños pequeños: qué cambia en el carnet de salud desde 2025

Desde enero de 2025, el carnet de salud que se entrega al nacer indica explícitamente que no se deben usar pantallas antes de los 3 años, ni siquiera como ruido de fondo. Se pasa de una recomendación general a una pauta oficial que las familias pueden consultar por escrito durante las visitas médicas.

Lo que hace que esta indicación sea útil en la práctica es que también contempla la exposición pasiva. Un telediario encendido durante la cena o un teléfono móvil sobre la mesa baja con un vídeo en reproducción automática interrumpen los intercambios verbales entre el adulto y el bebé. Santé publique France señala que esta exposición indirecta, a menudo subestimada, dificulta las interacciones que el niño pequeño necesita para desarrollar el lenguaje.

Se puede consultar la actualidad de Petits Bambins para seguir las novedades sobre crianza y primera infancia, incluidas las recomendaciones relacionadas con el uso de dispositivos digitales en familia.

En la práctica, la dificultad no consiste únicamente en quitarle una pantalla de las manos a un niño. También tiene que ver con nuestros propios hábitos como adultos. Dejar el teléfono fuera de su campo visual durante el baño, la comida o el juego libre basta para recuperar un tiempo de intercambio sin interrupciones. Además, se anima a las administraciones locales a ofrecer actividades culturales y deportivas como alternativa, para que la responsabilidad no recaiga únicamente en los padres.

Abuelo y niño pequeño jugando con aros de madera de colores en un jardín frondoso

Actividades de estimulación de 0 a 3 años: adaptar el juego a la edad real del niño

Proponer un juego de encajar piezas a un bebé de seis meses o un sonajero a un niño de dos años y medio es ignorar su etapa de desarrollo. La actividad más estimulante es la que se ajusta a la habilidad que está adquiriendo, no a una que ya domina ni a otra que todavía está fuera de su alcance.

Antes de caminar: el suelo como espacio de juego

Desde el nacimiento hasta los primeros pasos, la alfombra de actividades sigue siendo el soporte más versátil. Basta con dejar a su alcance algunos objetos de distintas texturas (tela, madera, silicona alimentaria). El objetivo no es multiplicar los juguetes, sino dejar que el niño los manipule, se los lleve a la boca, los suelte y vuelva a empezar.

Los móviles colgados sobre la alfombra estimulan el seguimiento visual desde las primeras semanas. Hacia los cuatro o cinco meses, cuando el bebé empieza a agarrar objetos de forma intencionada, se puede sustituir el móvil por objetos que pueda coger y agitar.

Desde que empieza a caminar hasta los tres años: variar las actividades motrices

Una vez que se pone de pie, el niño necesita trepar, bajar, empujar y tirar. Los circuitos motores improvisados en casa (cojines apilados, un túnel de cartón, un pequeño escalón que superar) responden a esta necesidad sin necesidad de comprar material caro. En el exterior, una simple loma de hierba o un murete bajo ofrecen un reto motor suficiente.

  • Trasvasar agua o arena de un recipiente a otro desarrolla la coordinación óculo-manual y la comprensión de los volúmenes, a partir de los dieciocho meses aproximadamente.
  • La plastilina o la masa de sal estimulan la motricidad fina (presionar, moldear, cortar) y permiten crear las primeras figuras tridimensionales hacia los dos años.
  • Los juegos de imitación sencillos (dar de comer a una muñeca, hablar por teléfono con un plátano) surgen de forma natural alrededor de los dos años y refuerzan el lenguaje y la comprensión social.

Un error frecuente es dirigir la actividad de principio a fin. Dejar que el niño use un objeto de una forma distinta a la prevista (apilar vasos en lugar de beber de ellos) forma parte del proceso de aprendizaje. Se interviene por seguridad, no para controlar el resultado.

Pautas de desarrollo en el día a día: observar sin comparar

Las tablas de desarrollo por edades (primeras palabras, primeros pasos, control de esfínteres) sirven de referencia, no de cronómetro. Un niño que camina a los diez meses y otro que lo hace a los dieciséis están dentro del intervalo habitual. El ritmo varía considerablemente según la constitución, el temperamento y el entorno de cada niño.

Educadora infantil acompañando a niños pequeños durante una actividad sensorial Montessori en una sala de juegos

Lo que sí merece atención son los cambios en la trayectoria del desarrollo: un niño que balbuceaba y deja de hacerlo, o un pequeño que evitaba la mirada, empieza a buscarla y luego vuelve a dejar de hacerlo. Estas señales justifican comentarlo con el médico de cabecera o el pediatra durante las revisiones previstas en el carnet de salud.

En el día a día, se pueden tener presentes tres pautas sencillas:

  • ¿Busca el niño la mirada o la atención del adulto durante el juego libre?
  • ¿Utiliza gestos para comunicarse (señalar con el dedo, ofrecer un objeto) incluso antes de decir sus primeras palabras?
  • ¿Acepta poco a poco separaciones breves (unos minutos en otra habitación, por ejemplo) sin angustiarse durante mucho tiempo?

Estos tres puntos abarcan la comunicación, el vínculo social y la seguridad afectiva. Si alguno de ellos permanece estancado durante un tiempo, comentarlo en una consulta permite actuar pronto, sin alarmarse.

Rutinas y ritmo de vida: organizar el día sin volverlo rígido

Un niño pequeño no necesita un horario cronometrado, pero se siente más tranquilo cuando las principales actividades del día se repiten en un orden previsible. Las comidas, la siesta, el juego libre y las salidas al aire libre forman una estructura suficiente para la mayoría de los niños de entre uno y tres años.

Un error habitual es querer llenar cada rato con una actividad dirigida. Entre dos momentos importantes, los ratos de aparente inactividad (mirar por la ventana, manipular un trozo de cuerda, balbucear a solas) no son tiempo perdido. Permiten que el cerebro consolide los aprendizajes recientes.

Para la siesta, la mejor referencia sigue siendo la observación: si un niño se frota los ojos, bosteza o se muestra inquieto sin motivo aparente, está indicando que tiene sueño. Forzar un horario fijo cuando no muestra señales de cansancio produce el efecto contrario. Conviene ajustar la duración y la hora según lo que el niño manifiesta, no según lo que indique el horario.

El desarrollo de un niño pequeño se construye a partir de estos detalles cotidianos: un cajón que explorar, una loma que subir, un adulto disponible que deja el teléfono a un lado. No hace falta un programa elaborado. Los gestos más sencillos, repetidos con regularidad y atención, siguen siendo los más eficaces para acompañar los primeros años de vida.

Novedades para los más pequeños: consejos e ideas para favorecer su desarrollo día a día